sábado, 14 de febrero de 2009

Queremos tanto a Julio


Descubrí a Cortázar siendo muy joven, demasiado joven... y me fascinó.

Tenía 15 años cuando un libro me llamó la atención en casa: Rayuela. Y ahí va el chamacuelo audaz a ver qué onda con esa obra misteriosamente presentada en la contraportada como antinovela o nivola (creo). Me quedé asombrado: era magia, dulzura, vida, sensibilidad, inteligencia, maestría literaria, ritmo, cultura... Todo me deslumbró. Por supuesto, no entendí más de dos o tres referencias, pero igual gocé muchísimo la lectura. Como era un escuincle muy obediente, la leí de la manera no secuencial.

Al paso de los años la volví a leer, de una y otra manera, unas pocas veces más (no sé cuántas, pero la más reciente es lejana). Me volvió a tocar profundamente. Lo que es más, difiero de la opinión dominante (y sólidamente fundamentada, debo decir): para mí, Rayuela demanda más arrojo, sensibilidad y ánimo de aventura que lecturas. Aun sin comprender una sola de las muchísimas referencias explícitas que contiene (ni hablar de las implícitas ni de las numerosas posibilidades de interpretación que ofrece), constituye una lectura bella, seductora, misteriosa, divertida, perturbadora, colorida, impredecible y más.

Rayuela es la obra de un estilista consumado, enfática y persistentemente antisolemne y anticonvencional, que se muestra dueño de una enorme variedad de complejos recursos técnicos a los cuales acude con gran inteligencia para lograr una expresividad acorde con el espíritu de la escritura. Pienso, por ejemplo, en el glíglico, lengua pletórica de erotismo, o en la representación de la simultaneidad de tiempos de la conciencia mediante los textos de lectura disociada cuando Oliveira prepara una sopa de lata. En el ritmo textual, tan jazzeado, libre y contrastante. En el bellísimo capítulo 7.

Es creación de un pensador profundo que hace un amplio uso de elementos simbólicos cargados de los más diversos contenidos, tanto filosóficos como de otro tipo. Pienso, por ejemplo, en los muchos puentes, donde de un estado físico, intelectual, de ánimo, los personajes transitan a otro incluso totalmente contradictorio con el anterior. En el zen interrogado por La Maga en actitud zen. En el Doppelgänger, el doble fantasmagórico con que cuentan Oliveira (Traveler) y el propio Cortázar (Morelli).

Es un pensador de amplios alcances que recurre al absurdo para introducir, en una técnica emparentada con el jazz, cambios insospechados en el sentido de la escritura; que filosofa, se interroga sobre la condición humana, sobre el amor, la muerte, la vida, la literatura, la maternidad, el pensamiento, la acción, la injusticia del mundo, la estupidez científica, la grandeza y la mediocridad humanas...

Encuentro a un Cortázar fuertemente tentado por la hiperintelectualidad en la figura de Morelli, genio literario de amplia cultura, pletórico de referencias y dueño de una maestría tan insuperable como enigmática. Morelli, que plantea, en el capítulo 62, una literatura imposible para que Cortázar la lleve a cabo en 62/Modelo para armar, su otra gran novela.

A partir del descubrimiento de Rayuela (tal vez el libro que más me ha marcado en la vida), me zambullí a leer a Cortázar. Un cuentista único, extraordinario. Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego, se cuentan entre sus libros, todos definitivos. Se dice que el ABC del cuento es Arreola, Borges y Cortázar. Desde mi enciclopédica ignorancia, coincido. Nos regaló tantos cuentos maravillosos que toda selección parece injusta. Sin embargo, se me ocurren algunos y no puedo evitar la tentación: “El perseguidor”, “Cartas a una señorita en París”, “Todos los fuegos el fuego”, “No se culpe a nadie”, “Casa tomada”, “Las fases de Severo”, “Liliana llorando”, “La señorita Cora”, “La noche boca abajo”, “Usted se sentó a tu lado”, “Queremos tanto a Glenda”, “Las armas secretas”, “Continuidad de los parques”. La seducción es total. Los de Cortázar son cuentos extraña, desconcertantemente perfectos. Atrapan, encantan, maravillan, sorprenden, desconciertan, divierten, asustan. Orillan a la reflexión y el sentimiento. Se estructuran de formas asombrosamente dúctiles que dan pie a todo tipo de giros. Sus desenlaces, invariablemente abruptos, inesperados, transformadores de la perspectiva, le dan un sabor y un brillo excepcionales. Cortázar es un autor simplemente obligatorio para quien desee escribir cuentos, terreno donde además fue un lúcido teórico.

Sus libros misceláneos, como La vuelta al día en 80 mundos, Último round y Territorios, son viajes por un mosaico de temas abordados desde perspectivas profundas, desenfadadas y juguetonas. Muestran con claridad sus filias y fobias y consituyen un curioso autorretrato de un intelecto insaciable, nutrido por todo género de elementos. Historias de cronopios y de famas es una toma de postura frente al mundo, una categorización articulada en torno al espíritu libertario de unos y el sometimiento radical de otros. Es un libro denso, profundo, filosófico, que sin embargo resulta divertido, fácil de leer y lleno de humor. Una delicia que inicia ahí para continuar, con menos fortuna, en Un tal Lucas, libro también divertidísimo pero limitado a la repetición de búsquedas en terrenos perfectamente conocidos.

Aunque me considero mal lector de poesía, nunca me gustó mucho como poeta. Lo encuentro limitado, torpe. Prefiero su prosa poética, en general muy bella y conmovedora.

Las novelas. Dos enormes, definitivas: Rayuela y 62/Modelo para armar, ese demencial experimento convertido en una de las obras más apasionantes con que uno se pueda topar. Las dos están unidas de manera casi orgánica y son obras maestras de lectura obligada. Otras dos prescindibles: Los premios, una muy ambiciosa obra de juventud cuya realización resulta insuficiente, y Libro de Manuel, posterior a las otras tres y, a pesar de aciertos indiscutibles, con un planteamiento empobrecido.

Cortázar fue, además, un hombre de izquierda, un socialista revolucionario, crítico del fascismo y el capitalismo. Yo fui un joven revolucionario y me identifiqué mucho con sus posturas. Hoy no. Pero eso es tema para otros escritos, no éste.

El chamaco deslumbrado y entusiasta por Cortázar sobrevivió en mí durante mucho tiempo. Leí su obra y ensayos, entrevistas... todo lo que podía. En dos ocasiones estuve a punto de conocerlo, durante su última visita a México. Primera: me darían un rato para platicar a solas con él después de una conferencia y la inevitable firma de autógrafos posterior. Pero él estaba enfermo y debió recortar sus tiempos públicos, de manera que no. Sí obtuve un ejemplar de Bestiario autografiado al vuelo, pero nada más. Segunda: a partir de una casualidad, me invitaron a una cena privada, en casa de un amigo suyo, para darme espacio de platicar con él. Yo pensaba plantearle la posibilidad de entrevistarlo para la televisión, y ya tenía hechos los arreglos básicos para llevarlo a cabo si él accedía. Se canceló la cena, pues él estaba muy enfermo.

Hoy, mi visión del mundo ha cambiado radicalmente respecto a la adolescencia, pero conservo a la literatura cortazariana grabada en el alma y sigo considerándolo uno de los grandes escritores del siglo XX.

No lo olvidemos. Su obra es una festiva lección permanente de libertad creadora, de vida, de lucidez e inteligencia. Sí, en efecto, queremos tanto a Julio que la vida parece inconcebible sin su compañía.


5 comentarios:

  1. Cortázar...mi autor favorito. Puedo contarte de que tratan todos los cuentos que he leído de él (y son bastantes). Aunque reciba lo que reciba, ni Márquez, ni Saavedra, ni Shakespare, ni nadie es mi favorito mas que Cortázar.
    Por muchos motivos.
    El primero es que fueron sus textos mis primeras lecturas avanzadas a la misma edad que tu lo descubriste.
    El segundo: mientras lo leía tenía problemas en la escuela, con amigos y ahi es en donde lo relaciono con el sentimiento que ahora me da risa.Lo que fue gris ahora me divierte.
    El tercero, me acerco a otro tipo de lectura. Me gusta que me deja pensando, imaginando, creando finales que nunca menciona o alternativos, parece que huelo los aires de los barrios bonaerenses al leerle.

    Sigamos fomentando a Cortázar.
    Desde la isla a medio día junto a la señorita Cora y nuestra salud estando enfermos, diviertiendonos jugando rayuela en cualquier lugar hasta en la autopista 69, TE AGRADEZCO QUE LE HAYAS RECORDADO.

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  2. Gracias por tu comentario. Coincido: es un escritor enorme, definitivo, y debemos continuar fomentando su lectura.

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  3. Mi estimado: de entrada, un eco en mi cabeza, una de esas vopces internas que le hablan a uno de pronto. Grito: "¡Sí, claro, lo queremos! ¿queremos tanto a Julio!". Luego las voces callaron para escuchar lo tuyo. Lejos estoy de conocerlo como tú, pero sí te digo esto: açun lo leo cuando puedo, Rayuela sobre todo. ¿Conoces el fresco "la hija del minotauro" (entre los cuates así llamado, carece de título) que Leonora Carrington pintó en la casa de Plutarco en el pueblo de Xilitla (hoy hotel)?. Es una hermosa venada cuya cola florece a la altura del pubis, incitante, como la selva que la rodea, mientras ella paraece invitar (ciega de luminoso mirar) a los visitantes para perderse en el monte, hacia Las Pozas, hacia las oníricas construcciones deEdward James, Plutarco y buena parte de la población de Xilitla. Cortazar es para mí algo similar: una inquietante y constante invitación a vagar por laberintos plenos de mensajes... Ante él, la mirada de la venada me ocupa. Lo leo con algo ma´s que los ojos, lo abrazo, le hago el amor. Me fascina.

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  4. En cuanto a tu texto: con él he vuelto a pasar por el corazón ciertas cosas, y he abierto nuevos archivos en la mente. Danzo contigo.

    Un beso

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  5. Los derechos de autor del blog "El Microbio Terrible" de Guillermo Mendizábal fueron registrados íntegramente por él con permiso para distribuir reconociendo la autoría. Licencia de "Creative Commons": http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/mx/

    EN CASO DE PLAGIO PROCEDEREMOS JURÍDICAMENTE

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