martes, 24 de marzo de 2009

25 cosas sobre mí

Dibujo de Alberto Giacometti


Este escrito fue preparado, tardíamente, para el Facebook. Después de darle muchas vueltas, dudarlo y conflictuarme, escribo esto. Va.


Uno. Alejandro y Andrés, mis niños, mis hijitos (22 y 18 años). Soy por ellos, para ellos.

Dos. Estuve a punto de morir en diciembre. Pasé tres días en terapia intensiva, gravísimo, en condiciones de vida artificial y con los peores pronósticos. Padezco una enfermedad crónica muy hija de la chingada; me descuidé durante largo tiempo, hasta ponerme mal, y eso se combinó con una increíble negligencia médica que convirtió un episodio menor en una crisis de vida o muerte.

Estuve completamente inconsciente durante la gran crisis (y desde mucho antes de ella); no viví, por tanto, una de las muy conocidas “experiencias cercanas a la muerte”: no vi pasar mi vida ante mis ojos en unos segundos, ni encontré una luz blanca que me mostraba el camino. Sin embargo, puedo decir que sí te transforma profunda y definitivamente el haberte echado, consciente o no, ese bailecito con la calaca. Antes de ese complicadísimo episodio, yo era uno; hoy, después de él, soy otro. Murió una parte de mí (una costra que me pesó, torturó y entorpeció durante décadas, hasta paralizarme), dejando espacio para el resurgimiento de una raíz que permanecía oculta y casi ahogada entre la mierda del suelo.

Quienes en realidad me salvaron la vida por tomar las decisiones adecuadas en los momentos críticos y moverse para resolver los mil problemas que generaba mi estado, fueron mis hermanos, Ana María y Fernando. A ellos les debo la vida. La otra presencia más constante, sólida y afectuosa fue la de mi prima Pilar Rico, quien mostró el tamañote de su corazón y tocó el mío.

Toda la familia, toda, estuvo al tanto, ayudó, dio lo mejor. Me sentí lleno de amor, de afecto, de cuidados, como nunca antes.

Aunque también me llevé un golpe. Me lo propinó la mujer más hermosa del universo y sus alrededores conocidos y por conocerse, con quien viví locamente enamorado durante casi diez años, hasta hace menos de uno.

Tres. Ejercí la prostitución intelectual. Dediqué mi vida profesional previa a poner mis capacidades al servicio de otros, quienes las explotaron siempre al límite. Me harté. Quiero hacer, estoy haciendo, haré, otra cosa.

Cuatro. He trabajado sobre todo en la industria editorial y el sector público. Trabajé para gobiernos estatales y el federal, en Hacienda y Comunicaciones y Transportes. Estuve involucrado en asuntos verdaderamente horrendos (el rescate carretero y la elaboración del presupuesto federal y de informes de finanzas públicas, por ejemplo). Por necesidad, aprendí muchísimo, y lo aprecio y valoro. Pero al final vence la náusea de trabajar para esos cabrones. Guácala. Salí de la SCT en julio de 2001, a principios del sexenio foxista.

Cinco. Estoy harto del free-lance. Es una esclavitud terrible que sólo da para morirse de hambre (si te da tiempo entre una chamba y otra).

Seis. Me siento orgulloso de mi herencia:

Mi madre fue refugiada española y se naturalizó mexicana. Fue una revolucionaria consistente: la primera presa política del país (detenida por Díaz Ordaz), siempre valiente, siempre cabrona y lúcida, siempre resistente frente al poder. Nunca se vendió, nunca aceptó nada para ella y dio cuanto pudo a cuantos pudo. Una mujer chingona, de primera. Me enseñó a leer desde muy escuincle y me mostró mundos desconocidos.

Mi veracruzano padre fue editor, adaptador de Fantomas (el que conocemos en México fue recreado por él y Rubén Lara, el dibujante, a partir del personaje francés original) y fundador de Editorial Posada, que nació para publicar Los agachados, revista con la cual Rius (en ese entonces una destacada figura política) continuaría la labor iniciada con Los supermachos, con cuyos editores había roto relaciones. Después publicó Duda, revista de cómic dedicada a temas insólitos (esoterismo, civilizaciones desaparecidas, ovnis, misterios religiosos, etcétera) que resultó un gran éxito comercial y editorial (algunas de sus páginas forman parte de la colección permanente del museo francés del cómic), publicándose más de 1,200 ediciones a lo largo de su amplísima vida. También publicó la Colección Duda, que fue la primera colección de libros para venta en puestos de periódicos editada en México. Primero quincenal y luego semanalmente, se publicaron más de 200 títulos y se vendieron más de siete millones de ejemplares. También publicó Eros, una revista dirigida por Jimmy Fortson que contenía erotismo femenino y masculino además de severos comentarios políticos. Fue ferozmente perseguido por Moya Palencia, secretario de Gobernación a quien Rius había hecho trizas en un número de Los Agachados sobre los tapados, y finalmente, después de muchas batallas, tuvo que cerrar la revista, que era, además, un éxito comercial. Años más tarde publicó Lo negro del Negro Durazo, el libro de autor mexicano más vendido en la historia del país (en un año, Posada vendió alrededor de 700 mil ejemplares, y los numerosísimos plagiarios, otro tanto). Se lo mandó Julio Scherer en reconocimiento al hecho de que mi padre fue el primer impresor de proceso. Fue un hombre audaz y valiente. Yo lo vi sacar a empujones de su oficina a agentes de Gobernación que iban a amenazarlo en nombre del secretario. Ganó mucho dinero y fue muy influyente, si bien se le ignora públicamente. Yo sé, sin embargo, que jugó un papel definitivo en la historia del fatídico 1988.

Y los tíos. Por el lado materno, su hermano Víctor (Rico Galán) fue un gran periodista revolucionario. También hecho preso político junto con mi madre, escribía en Siempre! y cada uno de sus artículos era una pieza que valía le pena revisar. Una pluma brillante, un hombre íntegro e inteligente. Por el paterno, su primo Eduardo Lizalde. Sí, ese poeta grandísimo, extraordinario, tan cercano a mi sensibilidad y mi talante, es mi tío. Y me siento orgulloso. Públicamente, ellos son las figuras más destacadas; sin embargo, tengo muchos motivos para sentir lo mismo respecto a muchos de mis parientes, todos ellos gente chingona.

Siete. Salvo contadísimas excepciones, la libertad de prensa es y ha sido en México una vulgar mentira encubridora de las actividades de un Estado profundamente represivo. Yo mismo fui amenazado por instancias del poder público.

Ocho. Detesto la hipercomercialización en que vivimos (¡compra, compra, compra!). Detesto el papel de consumidor, de homo economicus y de bestias primitivas en perpetua y criminal competencia que nos asigna el capitalismo.

Nueve. Descreo de la noción de individuo: es una noción cultural encubierta en una biológica.

Diez. Condeno la democracia representativa. Todos los “representantes”, todos, se representan a sí mismos o a quienes los sobornan de una u otra manera. No representan a la sociedad, no la conocen ni les interesa. Eso fue verdad ayer, lo es hoy y lo será mañana si no reconocemos el espejismo y lo rompemos.

Once. Estoy convencido de que el capitalismo no tiene remedio y de que, por tanto, debemos desecharlo y sustituirlo. El principio para hacerlo es, a fin de cuentas, muy simple: subordinar la economía.

Doce. Una regla de vida: siempre hay más abajo.

Trece. Rechazo la soberbia como actitud vital. No entiendo a quienes se sienten superiores a los demás y dueños del Saber y la Verdad. Yo no me considero superior a nadie ni desprecio a quien sabe menos o es menos inteligente que yo. El soberbio no es más que un imbécil oculto bajo el manto del desprecio.

Catorce. Me disgusta la competencia entre las personas. No participo en ella y, de ser posible, me sustraigo. La considero una nociva malformación social.

Quince. Me gusta conversar, conocer al otro, descubrir los giros de su pensamiento, intercambiar.

Dieciséis. Tengo una complicada relación de amor-odio con el arte contemporáneo: me encanta y me enfurece simultáneamente. Me encanta por sus hallazgos, me enfurece por su sentido economicista (es una commodity como el petróleo), su candor disfrazado de crítica feroz, sus juegos de trampas academicistas y sus frecuentemente fallidas pretensiones todoabarcadoras y filosóficas.

Diecisiete. Tengo conflictos con mi escritura. Los cuentos que publiqué en FB y mi blog son viejos, de hace muchos años. Me gustan pero me disgustan. Hoy no los escribiría así. Fueron escritos por otra persona que fui. Ahora mi talante se acerca más al comentario, el juego, el artículo, que a los cuentos.

Estoy muy alarmado por lo que ocurre en el país y el mundo y deseo escribir sobre eso, aun cuando estoy seguro de cosechar un elevado número de mentadas de madre.

Dieciocho. Una de mis grandes pasiones es el cine. Tengo un gusto muy abierto y gozo mucho comentar las películas (de hecho, vivo con la tentación permanente de dar un curso de apreciación cinematográfica). Entre los cineastas que me gustan se cuentan Akira Kurosawa, Francois Truffaut, Lucino Visconti, Milos Forman, Ettore Scola, Peter Weir, Nagisa Oshima, Roman Polanski, Ingmar Bergman, Federico Fellini, Stanley Kubrick, Pier Paolo Pasolini, David Lynch, István Szabó, Terrence Malick, John Cassavetes, Andrei Zulawski, Alfred Hitchcock, Jean-Luc Godard, David Cronenberg, Lars von Trier, Steven Soderbergh, Zhang Yimou, Jim Jarmusch, Alan Resnais, Rainer Maria Fassbinder, David Lean, Martin Scorsese, Kristof Kieslowski y muchos más...

Diecinueve. A pesar de que soy muy citadino en algunas cosas, prefiero la vida en el campo. Es más libre en lo interior, más auténticamente humana y más satisfactoria. La playa y el desierto me parecen la felicidad total.

Veinte. Soy roquero macizo desde chavo. Entre mis grupos y solistas favoritos: King Crimson, Frank Zappa, Jefferson Airplane, David Bowie, Patti Smith, Eric Clapton, The Kinks, The Who, Led Zeppelin, Jimmi Hendrix, Pearl Jam, Janis Joplin, Talking Heads, Van der Graaf, Peter Gabriel, Santana, Dire Straits, Captain Beefheart & His Magic Band, Banco del mutuo socorso, The Velvet Underground, Lou Reed, Tool...

Veintiuno. Me parezco tanto a mi padre, que algunas personas se impresionan al verme: creen que soy su reencarnación.

Veintidós. Estoy tan flaco en estas fechas, que me hacen las radiografías al carbón.

Veintitrés. Mis hijos califican mi carácter de “volcánico”. Sin embargo, me consideran (ellos y muchos que me conocen) una especie de “ogro bueno”. ¿Tendrán razón?

Veinticuatro. Me declaro zapatista: necesitamos un mundo en el que quepan muchos mundos.

Veinticinco. La vida está llena de nipedos. Hay que identificarlos y asumirlos.

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